Odio ser simplemente yo,
pues no me soporto ni en el espejo...
es un asco que acontece mi presencia
y mis entrañas se contraen...
No hay nada nuevo bajo este sol,
que me quema, me tortura, me mata...
Nada especial bajo la luna plateada,
quien me arroja miradas vacías
de reproche ahondado en rencor.
Detesto este febrero cruel,
me recuerda lo solo que estoy...
y en verdad me desangra con
recuerdos fúnebres de escasa pasión.
Amiga mía a mi lado yaces,
tan muerta como un servidor,
Tu piel de vidrio y tu sangre etílica
que reposan en excesiva paz,
Tómame, mátame, desgárrame la piel...
Que este dolor me ayude a sentir
que estoy vivo otra vez...
miércoles, 6 de febrero de 2008
lunes, 19 de noviembre de 2007
Soledad
No puedo respirar, no puedo ni hablar,
tan solo un poco de bebida transparente,
¿Conoces su sabor? es como un beso
lleno de sinceridad, que te envuelve en
sentimientos ocultos y que nunca pensaste
volver a encontrar.
A mi lado, encuentro otro acompañante,
un asesino brutal, silencioso y lleno de maldad,
lo respiro sin dudar, me lleno de él.
Su mirada fría debería asustarme, mas no lo hace,
le llamo a mi lado y me dejo atrapar.
Hoy te vi partir, decidida y sin ninguna mirada
ni ninguna palabra, no estabas muerta, lo se,
mas poco faltaba para sentirlo así.
Di media vuelta, decidido a no volver mi mirada
hacia ti, ¿Acto de vanidad? no lo creas.
Caminé un largo sendero de vuelta al nido
donde siempre encuentro un poco de paz,
una paz sin fundamentos, que mas que silencio
escucho la agonía de mi conciencia, quien aun
despierta a la media noche para hacerme llorar,
para hacerme gritar y no dejarme descansar.
¿A donde voy a llegar? Que absurda pregunta,
que torpe me he vuelto con los años, si yo mismo
conozco la respuesta: Estoy en el sinuoso juego
que se llama vida, y por lo tanto, desde que nací camino
directamente hacia la muerte. No hay mas.
Sin embargo me detengo a pensar, renuevo un poco
de mi antigua frialdad, aquella que he perdido en
tu recuerdo constante... nada puede ser tan malo
¿O si? no derrames lagrimas por nada, son valiosas
cuando requieres un poco de desahogo en esas
noches frías.
Sonrisa malévola... es esa la que se dibuja en mi rostro
al ver, que no hay mas que un viento helado
que perfora mis ropas, llega hasta mi piel y se adentra
a mi corazón, congelando su débil palpitar.
Te amaré, Oh soledad, aun que me desgarres,
porque eres tu mi única Verdad.
Te amaré, sobre mi vida misma, aun que me destroces
el corazón.
Y de nuevo en la noche, una musa se vuelve a siucidar.
tan solo un poco de bebida transparente,
¿Conoces su sabor? es como un beso
lleno de sinceridad, que te envuelve en
sentimientos ocultos y que nunca pensaste
volver a encontrar.
A mi lado, encuentro otro acompañante,
un asesino brutal, silencioso y lleno de maldad,
lo respiro sin dudar, me lleno de él.
Su mirada fría debería asustarme, mas no lo hace,
le llamo a mi lado y me dejo atrapar.
Hoy te vi partir, decidida y sin ninguna mirada
ni ninguna palabra, no estabas muerta, lo se,
mas poco faltaba para sentirlo así.
Di media vuelta, decidido a no volver mi mirada
hacia ti, ¿Acto de vanidad? no lo creas.
Caminé un largo sendero de vuelta al nido
donde siempre encuentro un poco de paz,
una paz sin fundamentos, que mas que silencio
escucho la agonía de mi conciencia, quien aun
despierta a la media noche para hacerme llorar,
para hacerme gritar y no dejarme descansar.
¿A donde voy a llegar? Que absurda pregunta,
que torpe me he vuelto con los años, si yo mismo
conozco la respuesta: Estoy en el sinuoso juego
que se llama vida, y por lo tanto, desde que nací camino
directamente hacia la muerte. No hay mas.
Sin embargo me detengo a pensar, renuevo un poco
de mi antigua frialdad, aquella que he perdido en
tu recuerdo constante... nada puede ser tan malo
¿O si? no derrames lagrimas por nada, son valiosas
cuando requieres un poco de desahogo en esas
noches frías.
Sonrisa malévola... es esa la que se dibuja en mi rostro
al ver, que no hay mas que un viento helado
que perfora mis ropas, llega hasta mi piel y se adentra
a mi corazón, congelando su débil palpitar.
Te amaré, Oh soledad, aun que me desgarres,
porque eres tu mi única Verdad.
Te amaré, sobre mi vida misma, aun que me destroces
el corazón.
Y de nuevo en la noche, una musa se vuelve a siucidar.
viernes, 2 de noviembre de 2007
No Lo Pude Evitar
No fue mi intención besarte,
pero tus labios rozaron los míos
y no lo pude evitar…
Que puedo hacer yo, triste mortal
esclavo de mis sensaciones
y de alguna otra perversidad…
Tampoco fue mi intención lastimar,
pero tu corazón alcanzó al mío,
y no me pude negar…
que hoy te miro y me desvelo
por no perderme un solo segundo
de tu aliento al respirar…
Te entregué lo que soy,
como ofrenda sagrada…
ofrecí un poco de amor
de este frío corazón
y tu respondiste a él…
Lo siento… pero no fue mi intención…
no lo pude evitar…
pero tus labios rozaron los míos
y no lo pude evitar…
Que puedo hacer yo, triste mortal
esclavo de mis sensaciones
y de alguna otra perversidad…
Tampoco fue mi intención lastimar,
pero tu corazón alcanzó al mío,
y no me pude negar…
que hoy te miro y me desvelo
por no perderme un solo segundo
de tu aliento al respirar…
Te entregué lo que soy,
como ofrenda sagrada…
ofrecí un poco de amor
de este frío corazón
y tu respondiste a él…
Lo siento… pero no fue mi intención…
no lo pude evitar…
lunes, 8 de octubre de 2007
Lady Night
Es la luna, la flor mas hermosa
Plantada en el infinito jardín
Del edén.
Es la amante de insaciable calor
Que me observa desde su lecho
Eterno.
Me llama para alojarme a su lado
Por la media noche cuando los sueños
Se vuelven imposibles.
Me toma de la mano y me arrastra
Hasta su lado, donde yacemos juntos
En el lecho eterno.
Nos revolcamos cual animales terrestres,
Pecando infinitamente de la misma manera
En que los dioses nos enseñaron a hacerlo.
Es la luna la flor mas hermosa
Plantada en el omnipotente jardín
Del edén.
Es ella quien me abandona
Al amanecer, cual vil ramera a
Mitad de turno.
Y soy yo quien la extraña y
La adora desde una tumba mortal,
Donde el tiempo pasa sin treguas
Ni remordimientos.
Plantada en el infinito jardín
Del edén.
Es la amante de insaciable calor
Que me observa desde su lecho
Eterno.
Me llama para alojarme a su lado
Por la media noche cuando los sueños
Se vuelven imposibles.
Me toma de la mano y me arrastra
Hasta su lado, donde yacemos juntos
En el lecho eterno.
Nos revolcamos cual animales terrestres,
Pecando infinitamente de la misma manera
En que los dioses nos enseñaron a hacerlo.
Es la luna la flor mas hermosa
Plantada en el omnipotente jardín
Del edén.
Es ella quien me abandona
Al amanecer, cual vil ramera a
Mitad de turno.
Y soy yo quien la extraña y
La adora desde una tumba mortal,
Donde el tiempo pasa sin treguas
Ni remordimientos.
lunes, 1 de octubre de 2007
Tus Dedos De Algodón
La lluvia cae sobre mi rostro,
insensible y frío, te miro
por entre las gotas que caen,
tan hermosa que te ves tú.
En tus palabras hay amargura,
un poco de odio y quizás algo de pasión...
Pero no encuentro nada mas
que un triste adiós.
Me he dejado acariciar, por
tus suaves dedos de algodón
y después de ello dejé de sentir,
deje de llorar, ya nada es igual.
No se a quien culpar,
nos hicimos tanto daño hasta el final.
y no encuentro culpables, si tu
por apuñalarme o yo por dejarme
asesinar...
insensible y frío, te miro
por entre las gotas que caen,
tan hermosa que te ves tú.
En tus palabras hay amargura,
un poco de odio y quizás algo de pasión...
Pero no encuentro nada mas
que un triste adiós.
Me he dejado acariciar, por
tus suaves dedos de algodón
y después de ello dejé de sentir,
deje de llorar, ya nada es igual.
No se a quien culpar,
nos hicimos tanto daño hasta el final.
y no encuentro culpables, si tu
por apuñalarme o yo por dejarme
asesinar...
jueves, 27 de septiembre de 2007
Cartas de un Asesino I
¡Oh, pobre niño aquel que siendo huérfano de padre y madre ha tenido que enfrentarse a los crueles destinos que la vida preparó para él!!!
Algunos me llaman loco, pero… ¿En verdad lo estoy? No lo se, primero respondan a la siguiente pregunta ¿Qué significa estar loco?
Aun recuerdo aquellos momentos cruciales en los que tuve que tomar la decisión que sin saberlo, cambió el curso de mi vida por siempre. Tomando en cuenta que mi infancia fue demasiado tranquila pues siempre fui un chico serio y muy poco sociable, lo cual fue un motivo de preocupación por parte de mi madre quien algunas veces intentó hacerme relacionar con otros chicos de la escuela, pero mi falta de interés la llevó a rendirse en poco tiempo, y es que simplemente ella no comprendía que me aburría de todo fácilmente.
Nada en la gente me agradaba o captaba interés alguno.
Esa noche estrellada, hace alrededor de quince años, es el recuerdo más vívido que tengo en la mente y que viene a mí cada vez que lo necesito: el llanto de mi madre, tendida en el suelo de la cocina de nuestra pequeña casa, se escuchó desgarrante hasta mi habitación escaleras arriba.
Escuché su voz, supuse que se trataba de otro de los pleitos que sostenía con mi padre, por curiosidad bajé las escaleras silenciosamente hasta llegar a la sala, desde donde alcancé a ver los frenéticos brazos de mi padre caer sobre el ya muy masacrado cuerpo de mi madre. Ella lloraba, suplicaba. Pero él, cegado por el coraje y la bebida, no paró de azotarla.
Algunas veces en el pasado, justo después de arribar a casa y de haber estado bebiendo en la cantina local después del trabajo, la había golpeado por alguna razón que yo desconozco aun, y cuando yo traté de ayudarla, los puñetazos se iban hacia mí hasta dejarme inconsciente. Siempre fui tan inútil y débil para ayudar a aquella mujer que me había cargado por ocho meses y medio en su vientre. Usualmente todo terminaba en cuestión de minutos, pero esa fatídica noche de hace quince años no fue así, duró más de la cuenta.
Por un momento me pareció que ella me miraba, con esos ojos tiernos con los que siempre me decía: te amo, hijo. Su rostro lleno de sangre...
Entonces ocurrió, una voz dentro de mi mente me habló, murmuró palabras extrañas que no comprendí al instante. Pero una sensación invadió mi sangre acelerándola incontrolablemente, nubló mi mente, como si perdiera la razón.
Tratando de hacer el menor ruido posible, me encaminé hacía el pórtico de la casa, donde encontré una barra de metal de noventa centímetros de largo y tres pulgadas de espesor. Lo tomé sin vacilar y volví de nuevo al interior de la casa.
Miré el cuadro de violencia que se presentaba ante mis ojos, una vez más, recibí un impulso de furia incontenible, siendo tan solo un niño de ocho años. Cerré mis manos con fuerza sobre el arma, acaricié su textura rasposa y la amé en ese instante.
Mi padre no se dio cuenta de lo que ocurría detrás de él, ni cuando observé por primera vez ni cuando regresé con el arma empuñada y lista, con mi mente nublada por un estupor mortecino dirigido solo hacía su persona. El primer golpe alcanzó la mitad de su espalda, provocándole gran dolor al contacto en seco del metal. Se volvió hacia mí para fulminarme con su mirada.
“Pequeño Bastárdo”
No tuvo tiempo de moverse o defenderse antes de que el segundo golpe, atinando en su cabeza, le azotara terriblemente tras lo cual cayó al suelo con el rostro cubierto de sangre y maldiciendo.
Su dolor alimentaba mi inocente motivación homicida.
Me posé lentamente frente a él, dejé que me observara por unos momentos mientras en mi mente resonaba una vieja cantata de Blues, que escuché alguna vez en la radio. Sentí ganas de bailar ahí mismo.
Le golpeé de nuevo, su rostro desfigurado por el impacto chocó con el piso, desparramando grandes cantidades de sangre, manchando las paredes blancas de pequeñas gotitas color rojo, dejando un mapa celestial parecido a las noches estrelladas de verano. Extendí mis dedos para tocar el líquido escarlata y lo unté sobre mis labios. Entonces me di cuenta que me encontraba eufórico, tremendamente excitado.
Después de un frenético grito al aire, dejé caer sobre el aun vivo cuerpo de mi padre, docenas de golpes, quien trataba de gritar, de pedir auxilio. Con los impactos más gotitas de sangre mancharon mi rostro y mi cuerpo. Escuché claramente el crujir de sus huesos con cada caricia de mi arma casera, hasta que terminé exhausto en el mismo suelo que él.
Acababa de asesinar a mi propio padre.
No había temor ni remordimiento de conciencia en mi pequeña cabeza, solo placer, extraño y dulce placer. La vieja cantata aun resonaba en mis oídos y en ese instante contemplé delgadas líneas escarlata en las paredes y los muebles de la cocina. ¡Que desastre!!!
Mi padre murió casi al recibir el quinto golpe, el resto de ellos fueron solo por la excitación de sentir sus viseras desgarrándose y su cráneo desquebrajarse.
Mi madre ya estaba muerta cuando todo hubo terminado.
Pero ese pequeño pasaje de mi infancia no es la razón por la cual escribo esta carta, pues mi victima actual se encuentra debajo de mí, aun llora y suplica que la deje vivir. Sabe que morirá esta noche, quizá lo sabe porque se lo dije al oído lentamente mientras le arrancaba los dedos de sus pies y los cauterizaba con un cuchillo ardiente que tomé de su cocina. Sus manos se encuentran amarradas con una soga muy apretada.
Shelly… ese es su nombre, me lo dijo mientras bebíamos un vaso de vodka.
La encontré por casualidad en uno de esos bares de moda, sus enormes ojos azules me cautivaron, haciendo que mi pulso aumentara abruptamente de un momento a otro. Es hermosa… demasiado hermosa para seguir viviendo.
Me ha gritado demente en varias ocasiones, no me agrada, no estoy tocado ni loco. No es la primer victima que me lo escupe directo al rostro. Cuando eso ocurre solo sonrío al escuchar su desesperación. Si estuviera loco, no conocería la naturaleza de mis actos, pero estoy conciente de lo que hago, perfectamente conciente. Lo disfruto mucho. Calma mis ansias y mata el tedio que me corroe a veces. Por lo tanto no estoy loco.
Pobre Shelly, estoy sentado sobre su abdomen, haciendo pesada su respiración, mi pluma toma su tinta de una herida que abrí en su pecho. El filo ardiente acaricia su tierna y blanca piel, es entonces cuando la vieja cantata de Blues resuena de nuevo y me dice que ya es tiempo de comenzar a divertirme…
Oh pobre Shelly, desdichada muchacha que se atravesó en mi camino…
Y ahora forma parte importante en mis memorias…
Me despido por el momento, estaré ocupado un rato, pero pronto volveré a abrir este diario y escribiré algún arrebato de placer digno de ser escrito.
Algunos me llaman loco, pero… ¿En verdad lo estoy? No lo se, primero respondan a la siguiente pregunta ¿Qué significa estar loco?
Aun recuerdo aquellos momentos cruciales en los que tuve que tomar la decisión que sin saberlo, cambió el curso de mi vida por siempre. Tomando en cuenta que mi infancia fue demasiado tranquila pues siempre fui un chico serio y muy poco sociable, lo cual fue un motivo de preocupación por parte de mi madre quien algunas veces intentó hacerme relacionar con otros chicos de la escuela, pero mi falta de interés la llevó a rendirse en poco tiempo, y es que simplemente ella no comprendía que me aburría de todo fácilmente.
Nada en la gente me agradaba o captaba interés alguno.
Esa noche estrellada, hace alrededor de quince años, es el recuerdo más vívido que tengo en la mente y que viene a mí cada vez que lo necesito: el llanto de mi madre, tendida en el suelo de la cocina de nuestra pequeña casa, se escuchó desgarrante hasta mi habitación escaleras arriba.
Escuché su voz, supuse que se trataba de otro de los pleitos que sostenía con mi padre, por curiosidad bajé las escaleras silenciosamente hasta llegar a la sala, desde donde alcancé a ver los frenéticos brazos de mi padre caer sobre el ya muy masacrado cuerpo de mi madre. Ella lloraba, suplicaba. Pero él, cegado por el coraje y la bebida, no paró de azotarla.
Algunas veces en el pasado, justo después de arribar a casa y de haber estado bebiendo en la cantina local después del trabajo, la había golpeado por alguna razón que yo desconozco aun, y cuando yo traté de ayudarla, los puñetazos se iban hacia mí hasta dejarme inconsciente. Siempre fui tan inútil y débil para ayudar a aquella mujer que me había cargado por ocho meses y medio en su vientre. Usualmente todo terminaba en cuestión de minutos, pero esa fatídica noche de hace quince años no fue así, duró más de la cuenta.
Por un momento me pareció que ella me miraba, con esos ojos tiernos con los que siempre me decía: te amo, hijo. Su rostro lleno de sangre...
Entonces ocurrió, una voz dentro de mi mente me habló, murmuró palabras extrañas que no comprendí al instante. Pero una sensación invadió mi sangre acelerándola incontrolablemente, nubló mi mente, como si perdiera la razón.
Tratando de hacer el menor ruido posible, me encaminé hacía el pórtico de la casa, donde encontré una barra de metal de noventa centímetros de largo y tres pulgadas de espesor. Lo tomé sin vacilar y volví de nuevo al interior de la casa.
Miré el cuadro de violencia que se presentaba ante mis ojos, una vez más, recibí un impulso de furia incontenible, siendo tan solo un niño de ocho años. Cerré mis manos con fuerza sobre el arma, acaricié su textura rasposa y la amé en ese instante.
Mi padre no se dio cuenta de lo que ocurría detrás de él, ni cuando observé por primera vez ni cuando regresé con el arma empuñada y lista, con mi mente nublada por un estupor mortecino dirigido solo hacía su persona. El primer golpe alcanzó la mitad de su espalda, provocándole gran dolor al contacto en seco del metal. Se volvió hacia mí para fulminarme con su mirada.
“Pequeño Bastárdo”
No tuvo tiempo de moverse o defenderse antes de que el segundo golpe, atinando en su cabeza, le azotara terriblemente tras lo cual cayó al suelo con el rostro cubierto de sangre y maldiciendo.
Su dolor alimentaba mi inocente motivación homicida.
Me posé lentamente frente a él, dejé que me observara por unos momentos mientras en mi mente resonaba una vieja cantata de Blues, que escuché alguna vez en la radio. Sentí ganas de bailar ahí mismo.
Le golpeé de nuevo, su rostro desfigurado por el impacto chocó con el piso, desparramando grandes cantidades de sangre, manchando las paredes blancas de pequeñas gotitas color rojo, dejando un mapa celestial parecido a las noches estrelladas de verano. Extendí mis dedos para tocar el líquido escarlata y lo unté sobre mis labios. Entonces me di cuenta que me encontraba eufórico, tremendamente excitado.
Después de un frenético grito al aire, dejé caer sobre el aun vivo cuerpo de mi padre, docenas de golpes, quien trataba de gritar, de pedir auxilio. Con los impactos más gotitas de sangre mancharon mi rostro y mi cuerpo. Escuché claramente el crujir de sus huesos con cada caricia de mi arma casera, hasta que terminé exhausto en el mismo suelo que él.
Acababa de asesinar a mi propio padre.
No había temor ni remordimiento de conciencia en mi pequeña cabeza, solo placer, extraño y dulce placer. La vieja cantata aun resonaba en mis oídos y en ese instante contemplé delgadas líneas escarlata en las paredes y los muebles de la cocina. ¡Que desastre!!!
Mi padre murió casi al recibir el quinto golpe, el resto de ellos fueron solo por la excitación de sentir sus viseras desgarrándose y su cráneo desquebrajarse.
Mi madre ya estaba muerta cuando todo hubo terminado.
Pero ese pequeño pasaje de mi infancia no es la razón por la cual escribo esta carta, pues mi victima actual se encuentra debajo de mí, aun llora y suplica que la deje vivir. Sabe que morirá esta noche, quizá lo sabe porque se lo dije al oído lentamente mientras le arrancaba los dedos de sus pies y los cauterizaba con un cuchillo ardiente que tomé de su cocina. Sus manos se encuentran amarradas con una soga muy apretada.
Shelly… ese es su nombre, me lo dijo mientras bebíamos un vaso de vodka.
La encontré por casualidad en uno de esos bares de moda, sus enormes ojos azules me cautivaron, haciendo que mi pulso aumentara abruptamente de un momento a otro. Es hermosa… demasiado hermosa para seguir viviendo.
Me ha gritado demente en varias ocasiones, no me agrada, no estoy tocado ni loco. No es la primer victima que me lo escupe directo al rostro. Cuando eso ocurre solo sonrío al escuchar su desesperación. Si estuviera loco, no conocería la naturaleza de mis actos, pero estoy conciente de lo que hago, perfectamente conciente. Lo disfruto mucho. Calma mis ansias y mata el tedio que me corroe a veces. Por lo tanto no estoy loco.
Pobre Shelly, estoy sentado sobre su abdomen, haciendo pesada su respiración, mi pluma toma su tinta de una herida que abrí en su pecho. El filo ardiente acaricia su tierna y blanca piel, es entonces cuando la vieja cantata de Blues resuena de nuevo y me dice que ya es tiempo de comenzar a divertirme…
Oh pobre Shelly, desdichada muchacha que se atravesó en mi camino…
Y ahora forma parte importante en mis memorias…
Me despido por el momento, estaré ocupado un rato, pero pronto volveré a abrir este diario y escribiré algún arrebato de placer digno de ser escrito.
miércoles, 29 de agosto de 2007
Empapame de Ti
Desnúdate, déjame tan solo verte,
Cuando nuestros ojos se encuentren
En un torbellino de miradas repletas de
deseo, que han de condenar nuestras almas
Al infierno.
Déjame tan solo saciar este
Apetito que me nubla la razón.
Empápame de ti… dulzura incontenible.
Lléname con tu miel los labios
Que recitan tu nombre a cada instante.
Osadía eterna tan solo pensar en ti…
Tus brazos son mi condena de muerte,
Mas aun así, cometeré la imprudencia.
Me adentras en un laberinto sin final
Cada vez que me llamas, que pronuncias mi nombre,
Cuando dices: te necesito.
Y yo de nuevo acudo a ti…
Mientras él se va de casa y yo me adentro
En el espacio vacío que deja en tu corazón.
Adórame, bésame, muérdeme, despacio y con tiempo
Empápame de ti…
"Oh Dulce Venuz, lucero crepuscular... ven y besame, amame en estos tiempos de oscuridad..."
Cuando nuestros ojos se encuentren
En un torbellino de miradas repletas de
deseo, que han de condenar nuestras almas
Al infierno.
Déjame tan solo saciar este
Apetito que me nubla la razón.
Empápame de ti… dulzura incontenible.
Lléname con tu miel los labios
Que recitan tu nombre a cada instante.
Osadía eterna tan solo pensar en ti…
Tus brazos son mi condena de muerte,
Mas aun así, cometeré la imprudencia.
Me adentras en un laberinto sin final
Cada vez que me llamas, que pronuncias mi nombre,
Cuando dices: te necesito.
Y yo de nuevo acudo a ti…
Mientras él se va de casa y yo me adentro
En el espacio vacío que deja en tu corazón.
Adórame, bésame, muérdeme, despacio y con tiempo
Empápame de ti…
"Oh Dulce Venuz, lucero crepuscular... ven y besame, amame en estos tiempos de oscuridad..."
¿Te acuerdas de mi?
Hola, ¿Te acuerdas de mi?
Quizá me reconozcas
Hace algún tiempo yo te pregunté:
¿Puedo mirarte a los ojos?
y luego agregué:
Es que en ellos puedo mirar
Un ser tan radiante
Y cálido como el sol.
A través de ellos puedo entrar en
Un abismo del que quizá no podré salir.
Lo se muy bien, estoy consciente
De las consecuencias.
He matado horas preguntándome
¿Como es que Dios ha caído en la locura?
Dejando caer un ángel de su cielo, uno como tu,
justo al lado de un demonio como yo.
¿Podrías repetirme tu nombre otra vez?
Es que tu voz me recuerda el canto de las sirenas
Que se escucha allá en el lejano océano.
Jamás escuché algo tan hermoso en mi vida.
Hace ya tiempo que me enamoré de ti,
Me lo ha dicho el corazón cuando te vi.
Y a los sentimientos no se les pone en duda alguna.
Disculpa mi osadía,
¿Te puedo besar?
Recuerdo que una vez tú lo hiciste.
El dulce sabor de tus labios
Me envolvió entre delirios e ilusiones.
De creer que podrías trascender,
De soñar que alguna vez
Estaríamos tú y yo abrazados
Bajo la lluvia del verano.
Tan solo dime ¿Te acuerdas de mi,
como yo me acuerdo de ti?
Quizá me reconozcas
Hace algún tiempo yo te pregunté:
¿Puedo mirarte a los ojos?
y luego agregué:
Es que en ellos puedo mirar
Un ser tan radiante
Y cálido como el sol.
A través de ellos puedo entrar en
Un abismo del que quizá no podré salir.
Lo se muy bien, estoy consciente
De las consecuencias.
He matado horas preguntándome
¿Como es que Dios ha caído en la locura?
Dejando caer un ángel de su cielo, uno como tu,
justo al lado de un demonio como yo.
¿Podrías repetirme tu nombre otra vez?
Es que tu voz me recuerda el canto de las sirenas
Que se escucha allá en el lejano océano.
Jamás escuché algo tan hermoso en mi vida.
Hace ya tiempo que me enamoré de ti,
Me lo ha dicho el corazón cuando te vi.
Y a los sentimientos no se les pone en duda alguna.
Disculpa mi osadía,
¿Te puedo besar?
Recuerdo que una vez tú lo hiciste.
El dulce sabor de tus labios
Me envolvió entre delirios e ilusiones.
De creer que podrías trascender,
De soñar que alguna vez
Estaríamos tú y yo abrazados
Bajo la lluvia del verano.
Tan solo dime ¿Te acuerdas de mi,
como yo me acuerdo de ti?
miércoles, 15 de agosto de 2007
Rubia en Azul
Se adentra en tu habitación,
Lentamente y asesina, vestida de azul.
Sus labios te llaman, empapados con
El veneno de tu perdición.
Tu recostado ahí, en tu celda húmeda,
Acompañado tan solo por tus pensamientos
Y tu soledad, quienes te aconsejan,
Cual compañeros de cuarto, tómala en tus
Brazos… Hazla tuya.
Un aroma dulce te alcanza el alma,
y aun por mas que intentes negarte
tu cuerpo se rinde ante ella…
Tu mente se nubla, se pierde en un remolino
de pensamientos que no importan ya,
solo observas a través de su alma transparente
y deseas perderte en su infierno de cristal.
La dama en azul te besa el alma herida,
Te hace olvidar las cicatrices del pasado,
Derrama lagrimas por ti mientras tu cuerpo
Se introduce en la nada, y ya no la puedes dejar…
Te pierdes en su océano infinito…
“Esta noche podria cortar mis venas y sangrar Vodka por mis heridas, es deliciosamente deprimente, con el mundo en calma en mis oídos... Carlos Garibay presente, para ustedes”
Lentamente y asesina, vestida de azul.
Sus labios te llaman, empapados con
El veneno de tu perdición.
Tu recostado ahí, en tu celda húmeda,
Acompañado tan solo por tus pensamientos
Y tu soledad, quienes te aconsejan,
Cual compañeros de cuarto, tómala en tus
Brazos… Hazla tuya.
Un aroma dulce te alcanza el alma,
y aun por mas que intentes negarte
tu cuerpo se rinde ante ella…
Tu mente se nubla, se pierde en un remolino
de pensamientos que no importan ya,
solo observas a través de su alma transparente
y deseas perderte en su infierno de cristal.
La dama en azul te besa el alma herida,
Te hace olvidar las cicatrices del pasado,
Derrama lagrimas por ti mientras tu cuerpo
Se introduce en la nada, y ya no la puedes dejar…
Te pierdes en su océano infinito…
“Esta noche podria cortar mis venas y sangrar Vodka por mis heridas, es deliciosamente deprimente, con el mundo en calma en mis oídos... Carlos Garibay presente, para ustedes”
lunes, 6 de agosto de 2007
Primera Carta del Angel Oscuro
"Este es una pequeño fragmento del cuento que aun estoy escribiendo y pretendo imprimir. Espero que os guste a todos, si les interesa leer el cuento completo, no duden en pedirmelo, solo a cambio pido una critica sincera. Gracias!!!"
Es difícil comenzar a escribir… sobre todo cuando haz vivido miles de años y nunca lo habías hecho antes. Pensé que las palabras simplemente fluirían desde mi mente a través de mis dedos y convertirían la tinta sin forma en palabras escritas con un sentido propio. Cientos de dibujos que al unirse se convierten en los sentimientos mas íntimos de mi memoria, en los pesares mas amargos que nacen en mi interior. Mis dedos tiemblan, junto con la llama de la vela que ilumina este escritorio improvisado, en las profundidades de esta tumba húmeda, la cual se ha convertido en mi hogar.
Creí que la soledad sería mi única compañera durante mi eternidad, pero he encontrado mi propia mente, plasmada en este trozo de papel, ahora podré hablar conmigo mismo cada vez que lea de nuevo lo que escriba aquí.
Que amargo placer.
Quizá también estas palabras serán una conversación que escuchará alguien si llego a perder alguna de mis cartas y alguien más la encuentra. No lo se, ni siquiera se porque escribo. Soy nuevo para este arte y no se hacerlo adecuadamente. Mi instructor fue una pequeña niña de diez años, crecida en una familia de adinerados comerciantes y fabricantes de vino, el mejor de la región. Amy, mi pequeña y dulce Amy.
Me llenó de ternura al primer instante que observé sus ojos azules. Fue para mí más que una simple niña, lo fue todo en el tiempo que estuvo a mi lado… pero como todos los que tienen la desdicha de acercarse a mí, tuvo un fin temprano y horrible. Sufrió la peor de las muertes para una flor que apenas miraba los rayos del sol.
Al final, fue un intercambio justo.
Le entregué la compañía y el amor que nunca sintió después de la muerte de su madre y su abuela, le protegí de todo mal hasta donde pude y le hice sentir un amor prematuro antes de su fatídico final. Aun me siento culpable por no haberle rescatado a tiempo de aquellos crueles y miserables rufianes. Ella simplemente me sacó de esta tumba, me enseño lo que ella sabia del mundo moderno y me hizo sentir humano por primera y única vez en mi existencia.
Una lágrima ha paseado por mi mejilla al recordarla. Quizá no sea momento de hablar de eso aun…
Quisiera que esta carta, al ser mi primer escrito y en honor a su inocente memoria no contenga palabras terroríficas que describan aquella tragedia.
Las letras escritas por mi mano se ven corrompidas por mi pulso tembloroso. La noche esta avanzada ya, aun escucho los pasos de los cascos de los caballos arrastrando esos pesados carruajes fúnebres. El llanto de las viudas y de los huérfanos que sufren la pérdida de sus seres queridos se filtra a través de las paredes de piedra de esta tumba.
He contemplado una vez más el juego de plumas y los frascos de tinta que mí adorada Amy me obsequió semanas antes de su deceso. Le dije que me seria imposible aprender a escribir igual que ella, pero insistió, así que tuve que conservarlas, con el pensamiento tonto de que tenía una larga vida por delante y que nunca dejaría de verla.
Así es el verdadero mundo mortal, cuando menos lo esperas la vida se te esfuma de las manos, sin saber si lo que hiciste estuvo bien. Aun que la única manera en que yo puedo saberlo es como siempre lo he sentido, viendo como todos a mi alrededor mueren y me dejan solo de nuevo.
Yo soy inmortal, nunca moriré por las inclemencias del tiempo o por alguna enfermedad. Soy un ángel atrapado en un cuerpo material, mis alas oscuras han sido un estorbo tanto ahora, como lo fueron en el pasado, cuando eran temidas por la corte celestial. No conozco a Dios ni he escuchado su voz. Estuve en los jardines de edén una vez sin saber que jamás volvería a ese hermoso lugar.
Siento frío, las ropas que ahora visto están húmedas y roídas. El largo saco negro y la capa se encuentran colgados en la pared detrás, junto a la verja de metal oxidada. Mi camisa blanca ha perdido su brillo. Mi cabello largo está amarrado por un suave listón de seda negra, ha permanecido ahí desde la última vez que ella lo colocó. Se molestaba al ver mi cabello desaliñado.
No recuerdo detalles de aquellos días pasados, en los que caminaba sobre la faz de la tierra, portando una armadura y una espada. En mi memoria solo hay vagos recuerdos de un amor y una traición. El mundo de los hombres ha nublado mi mente, el vino y el opio me anestesiaron cuando lo necesité, el calor del cuerpo de las mujeres me extasió tanto que olvide mi verdadero origen. No puedo volar más, no puedo blandir mi espada.
Soy un ángel perdido, quizás olvidado.
Mis hermanos ya no están, murieron durante la guerra. Yo los maté a todos y pagué el precio por tal acción, ahora lo se. He cometido tantos errores como mi propio padre. Aun queda el eco de un rostro en mi mente, o quizá solo son alucinaciones, me parece imposible que así sea, pues ella viene cada noche y resguarda mis sueños. Me abraza y canta para mi en la oscuridad. Astrid, si, ese es su nombre. Es como un hada celta que me cuenta historias fantásticas.
Yo la asesiné también.
Me traicionó, clavó un puñal en medio de mi espalda y me entregó a mi peor enemigo, así fue como perdí la guerra apocalíptica que comencé. Pero luego, por alguna razón volví de la tierra de los muertos a cobrar mi venganza. Murió tranquilamente entre mis brazos mientras me decía cuanto me amaba después de todo, antes de apuñalarla… la besé con el alma en los labios.
Ahora que lo pienso, esa aventura tuvo frutos, soy padre. Mi hijo me odia, tanto que intentó matarme en varias ocasiones, antes de saber quien era yo, pero aun así es tan igual a mí que volverá a intentarlo pues no dejará impune la muerte de su madre.
Ahora me río de mi estupidez. No se donde están, no se donde esta nada. Me he confinado a permanecer en este lugar para siempre, abrazando a mi soledad.
Hay mucho ruido allá afuera…
Seguramente vendrán a enterrar otro cadáver putrefacto.
He perdido la paciencia, el llanto de las personas afuera me desconcentra, no consigo adentrarme en mis recuerdos. Me detendré por esta noche. Visitaré a esas pobres almas en pena y me alimentaré de su dolor. Pero más aun… soñaré con ella, con mi pequeña Amy, donde quiera que estés, lo siento tanto.
Esta noche derramare otra lágrima para ti.
Es difícil comenzar a escribir… sobre todo cuando haz vivido miles de años y nunca lo habías hecho antes. Pensé que las palabras simplemente fluirían desde mi mente a través de mis dedos y convertirían la tinta sin forma en palabras escritas con un sentido propio. Cientos de dibujos que al unirse se convierten en los sentimientos mas íntimos de mi memoria, en los pesares mas amargos que nacen en mi interior. Mis dedos tiemblan, junto con la llama de la vela que ilumina este escritorio improvisado, en las profundidades de esta tumba húmeda, la cual se ha convertido en mi hogar.
Creí que la soledad sería mi única compañera durante mi eternidad, pero he encontrado mi propia mente, plasmada en este trozo de papel, ahora podré hablar conmigo mismo cada vez que lea de nuevo lo que escriba aquí.
Que amargo placer.
Quizá también estas palabras serán una conversación que escuchará alguien si llego a perder alguna de mis cartas y alguien más la encuentra. No lo se, ni siquiera se porque escribo. Soy nuevo para este arte y no se hacerlo adecuadamente. Mi instructor fue una pequeña niña de diez años, crecida en una familia de adinerados comerciantes y fabricantes de vino, el mejor de la región. Amy, mi pequeña y dulce Amy.
Me llenó de ternura al primer instante que observé sus ojos azules. Fue para mí más que una simple niña, lo fue todo en el tiempo que estuvo a mi lado… pero como todos los que tienen la desdicha de acercarse a mí, tuvo un fin temprano y horrible. Sufrió la peor de las muertes para una flor que apenas miraba los rayos del sol.
Al final, fue un intercambio justo.
Le entregué la compañía y el amor que nunca sintió después de la muerte de su madre y su abuela, le protegí de todo mal hasta donde pude y le hice sentir un amor prematuro antes de su fatídico final. Aun me siento culpable por no haberle rescatado a tiempo de aquellos crueles y miserables rufianes. Ella simplemente me sacó de esta tumba, me enseño lo que ella sabia del mundo moderno y me hizo sentir humano por primera y única vez en mi existencia.
Una lágrima ha paseado por mi mejilla al recordarla. Quizá no sea momento de hablar de eso aun…
Quisiera que esta carta, al ser mi primer escrito y en honor a su inocente memoria no contenga palabras terroríficas que describan aquella tragedia.
Las letras escritas por mi mano se ven corrompidas por mi pulso tembloroso. La noche esta avanzada ya, aun escucho los pasos de los cascos de los caballos arrastrando esos pesados carruajes fúnebres. El llanto de las viudas y de los huérfanos que sufren la pérdida de sus seres queridos se filtra a través de las paredes de piedra de esta tumba.
He contemplado una vez más el juego de plumas y los frascos de tinta que mí adorada Amy me obsequió semanas antes de su deceso. Le dije que me seria imposible aprender a escribir igual que ella, pero insistió, así que tuve que conservarlas, con el pensamiento tonto de que tenía una larga vida por delante y que nunca dejaría de verla.
Así es el verdadero mundo mortal, cuando menos lo esperas la vida se te esfuma de las manos, sin saber si lo que hiciste estuvo bien. Aun que la única manera en que yo puedo saberlo es como siempre lo he sentido, viendo como todos a mi alrededor mueren y me dejan solo de nuevo.
Yo soy inmortal, nunca moriré por las inclemencias del tiempo o por alguna enfermedad. Soy un ángel atrapado en un cuerpo material, mis alas oscuras han sido un estorbo tanto ahora, como lo fueron en el pasado, cuando eran temidas por la corte celestial. No conozco a Dios ni he escuchado su voz. Estuve en los jardines de edén una vez sin saber que jamás volvería a ese hermoso lugar.
Siento frío, las ropas que ahora visto están húmedas y roídas. El largo saco negro y la capa se encuentran colgados en la pared detrás, junto a la verja de metal oxidada. Mi camisa blanca ha perdido su brillo. Mi cabello largo está amarrado por un suave listón de seda negra, ha permanecido ahí desde la última vez que ella lo colocó. Se molestaba al ver mi cabello desaliñado.
No recuerdo detalles de aquellos días pasados, en los que caminaba sobre la faz de la tierra, portando una armadura y una espada. En mi memoria solo hay vagos recuerdos de un amor y una traición. El mundo de los hombres ha nublado mi mente, el vino y el opio me anestesiaron cuando lo necesité, el calor del cuerpo de las mujeres me extasió tanto que olvide mi verdadero origen. No puedo volar más, no puedo blandir mi espada.
Soy un ángel perdido, quizás olvidado.
Mis hermanos ya no están, murieron durante la guerra. Yo los maté a todos y pagué el precio por tal acción, ahora lo se. He cometido tantos errores como mi propio padre. Aun queda el eco de un rostro en mi mente, o quizá solo son alucinaciones, me parece imposible que así sea, pues ella viene cada noche y resguarda mis sueños. Me abraza y canta para mi en la oscuridad. Astrid, si, ese es su nombre. Es como un hada celta que me cuenta historias fantásticas.
Yo la asesiné también.
Me traicionó, clavó un puñal en medio de mi espalda y me entregó a mi peor enemigo, así fue como perdí la guerra apocalíptica que comencé. Pero luego, por alguna razón volví de la tierra de los muertos a cobrar mi venganza. Murió tranquilamente entre mis brazos mientras me decía cuanto me amaba después de todo, antes de apuñalarla… la besé con el alma en los labios.
Ahora que lo pienso, esa aventura tuvo frutos, soy padre. Mi hijo me odia, tanto que intentó matarme en varias ocasiones, antes de saber quien era yo, pero aun así es tan igual a mí que volverá a intentarlo pues no dejará impune la muerte de su madre.
Ahora me río de mi estupidez. No se donde están, no se donde esta nada. Me he confinado a permanecer en este lugar para siempre, abrazando a mi soledad.
Hay mucho ruido allá afuera…
Seguramente vendrán a enterrar otro cadáver putrefacto.
He perdido la paciencia, el llanto de las personas afuera me desconcentra, no consigo adentrarme en mis recuerdos. Me detendré por esta noche. Visitaré a esas pobres almas en pena y me alimentaré de su dolor. Pero más aun… soñaré con ella, con mi pequeña Amy, donde quiera que estés, lo siento tanto.
Esta noche derramare otra lágrima para ti.
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